sensación de falta de aire, ya sea en reposo o al hacer esfuerzos físicos;
dificultad para respirar;
aspecto azulado o amoratado de la piel y los labios;
esputo sanguinolento o de color anormal;
dolor torácico;
alteraciones de la conciencia;
fiebre elevada que persista por más de tres días;
caída de la presión arterial.
En los niños, los signos de peligro consisten en:
respiración acelerada;
dificultad para respirar;
sopor;
dificultad para despertarse y
pocas ganas o ninguna de jugar.
Fuente: OMS










